MARCO MUSEO - Museo de Arte Contemporáneo

El gran proyecto
Hacia fines del año 2014, Fundación Tres Pinos inicia la puesta en valor y restauración de un edificio protegido patrimonialmente en el Barrio de La Boca, ubicado en la calle Almirante Brown 1037, donde funcionará nuestra nueva sede, así como también el nuevo Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que estará incluido en el Distrito de las Artes.

El Museo de Arte Contemporáneo de La Boca – MArCo – fue proyectado para albergar la Colección de Arte de Fundación Tres Pinos y desarrollar sus programas culturales. Con una programación cultural de contenido innovador y educativo, MARCO se suma a las propuestas del Distrito de las Artes con este gran aporte a la comunidad porteña. Para ello hemos comenzado la recuperación, restauración, preservación y puesta en valor del edificio, el cual fue realizado en el año 1913 por el arquitecto francés Alfred Massüe, el mismo es representativo del movimiento art nouveau, en transición con el art decó, en el que funcionó el cine Kalisay, uno de los primeros del barrio. La finalización de este proyecto, que implica una intervención tanto en sus medianeras, núcleos de circulación interior, como en la fachada, para recuperar texturas, colores y ornatos perdidos a través de los años, como consecuencia del deterioro natural y del poco mantenimiento, se producirá en 2019.

Dentro de los servicios a brindar el principal es el de exhibir parte de la Colección Permanente de Arte Contemporáneo de la Fundación Tres Pinos(la cual consta de 800 obras), así como también generarle un espacio a todos aquellos artistas contemporáneos que deseen presentar sus trabajos en el lugar, también ser parada en los recorridos de las Gallery Nights, y acondicionar áreas dentro del lugar (Biblioteca, Café literario, etc.) para que los visitantes hagan una pausa/descanso entre sus tiempos y continúen luego sus itinerarios.

El proyecto
La propuesta está enfatizada en la recuperación e intervención arquitectónica del local de planta baja que posee una superficie de planta de 350 metros cuadrados aproximadamente, con una nave rectangular de una proporción de volumen interior de casi 10 metros de alto y en cuyo centro se encuentra una lucarna central como principal ingreso de luz. En el proyecto se incorpora un nivel superior al espacio, donde se desarrolla, con la planta existente, las salas propiamente dichas para exposiciones temporarias y permanentes. Las cuales estarán vinculadas por circulaciones verticales que las unen y una doble altura generada por la caladura de la losa, penetrando la iluminación general y perforaciones menores asimétricas con el mismo fin de filtrar la luz. En el programa el museo consta de un cafe-bar en la zona de acceso enfrentándose al sector librería y ventas de objetos de diseño relacionados con su contenido. Las plantas, dado su recorrido lineal y por sus proporciones, están vinculadas por escaleras intercaladas y por una bandeja que arma un espacio intermedio con vistas al acceso y salas. Como medio de elevación y recorrido vertical, un ascensor oficia como elemento emergente y escultórico por su revestimiento, atenuando la longitudinalidad de la planta. El recorrido de la planta baja culmina con un sector de servicios, núcleos de baños, depósitos y sala multimedia. Ya en el nivel superior la bandeja intermedia cambia visuales y alturas, actuando como espacio de transición, para llegar a la sala general que flexibiliza usos con la división de la misma por medio de paneles corredizos móviles apanelables que arman una mini sala de conferencias. Como resumen de planta fluye una circulación central y lineal de recorrido con situaciones más estancas según destinos y usos como bar, librería por ejemplo. La envolvente interior es un cubo o caja blanco con una doble altura central respetando el ingreso de luz cenital proveniente de la enorme y significativa claraboya de grandes dimensiones. Los solados previstos son de microalisados en tonos grises en su totalidad, salvando sectores bien delimitados que son de madera tipo rustica y colores claros, las escaleras combinadas en metal y madera con barandas acristaladas, están muy despojadas de herrajes. Las caladuras y puentes están materializados en vidrio para alivianar y dejar pasar la luz. Los colores interiores son claros y predomina el blanco con líneas rectas y una arquitectura minimalista, simple y despojada que no compite con la propia obra en sí que se expone. Los sectores húmedos como sanitarios o barra en si hacen hincapié en el uso de mármoles de tipo arabescato con artefactos y griferías de líneas rectas. La iluminación artificial se va ordenando y alineando en sectores de exposiciones y desordenando en su armado en lugares de esparcimiento y de ingreso de forma lúdica. El acceso al edificio esta pre cedido por el pórtico original dándole un espacio semicubierto de transición, materializándose en aberturas en acristaladas transparentes y muy permeables que no compiten con la arquitectura existente. Este acceso se controla con cortinas de tipo metálicas caladas similares a la piel que recubren el ascensor. Tomando contraste entre la arquitectura existente y la nueva arquitectura proyectada en su interior, se busca la identidad y la convivencia de un siglo que los separa en la línea del tiempo. El juego de materiales puros, colores claros bañados por la iluminación natural cenital y por una aleatoria y contrastante iluminación artificial generada a partir de diferentes usos específicos, busca que el espacio generado con su simpleza pueda ser flexible a cualquier exposición, muestra u evento del momento. Así es el museo Marco, un lugar introvertido exteriormente donde su magnitud jamás se puede prever sin ingresar al mismo, dando el efecto sorpresa al espectador donde su imagen externa con una escala muy marcada y delimitada, se abre a un espacio de generosas tres dimensiones impactante.